Lección #2
Meg Ryan y Tom Hanks.
Por allá en 1998, cuando aún no se había masificado el fenómeno del internauta, cuando aún se pedía el teléfono de la casa del pretendido y, se podía sólo llamar y colgar porque las mariposas no lo dejaban a uno ni hablar (además del oso); apareció esta mágica película que nos mostró como el “romance 2.0″ -concepto que para la época no existía- podía ser una realidad.
Claro, para muchos todavía era absurdo y para otros representaba un salvavidas: ¿qué más fácil que superar la barrera del prejuicio conociendo a alguien sólo por sus ideas y no su olor y/o aspecto?.
You’ ve got mail, revivió bellísimas prácticas como la del amor epistolar, haciéndolo de nuevo algo no exclusivo de adolescentes que con origami de principiante enviaban notas a sus príncipes y princesas azules. Nos devolvió la fe en el amor, en el puro y rosado amor de almas hinchadas y corazones sobresaltados de los libros (porque en las telenovelas nos jodieron en otro sentido).
Hoy no nos extraña para nada el asunto, ¿quién no tiene correo electrónico? es más ¿quién no usa cualquier sistema de mensajería instantánea para comunicarse con el amado?. Todos, todos los que están leyendo esto lo tienen, y me aventuraría a especular que casi todos (por no caer en generalizaciones de esas que tanto fastidian-pero que son reales-) han tenido un crush por alguien que esté en alguna (s) de las miles de redes sociales de las que es parte.
Y sí, ahora la gente no necesita salir a bares o tener amigos que lo inviten a eventos en los cuales conocerá otras personas, ahora sólo basta meterse en cualquier red social y alguien (o algo) caerá. Entonces empezarán a intercambiar mensajes en los lugares públicos que la red dispone para eso -wall y cosas de esas-, luego se usarán los mensajes privados, hasta que uno diga “dáme tu messenger”, para luego pasar horas y horas en un flirteo ridículo, amparado en el anonimato y en la facilidad de dar “Block”.
Si les va bien y hay “química” -sí entre comillas porque química-química lo dudo-, pasan a aventurarse en ”tomar un café” o “echarse una pola”, a gusto del consumidor, dando ahora sí lugar a la famosa química del amor que desde luego los conducirá al romance convencional, así haya surgido por los canales “no convencionales”.
Una máxima del Derecho, sí ya se que la idea no era hablar acá de nada jurídico-político, es esa que dice:
“las cosas se deshacen como se hacen”
El caso que nos ocupa, no escapa a este principio, y déjeme decirle señor, señora, joven y señorita que su romance no empezó por internet, que su relación (sea la que sea) empezó y se hizo en vivo y en directo -haga de cuenta que el chat fue hacerse ojitos a lo lejos-, y que como tal se debe acabar en los mismos términos.
Es de pésimo gusto terminar una relación por e-mail, así como en su momento fue de pésimo gusto terminar por teléfono. Eso sí, para la manoseada que dio vida al vínculo sí estaban listos a dar la cara, y la mano, y el rabo y todo junto, pero para terminarla…mejor te escribo unas líneas con cortesía.
No haga ese oso. Dese el lugar que se merece, no quede como un/una cretino/a sin peso en sus órganos reproductivos, acaso usted mandaba un mensajero para el “maniculichimbitetéo” que sin duda alguna practicó con quien ahora no es propiamente su persona favorita.
Escudarse en miedo, dolor y el famoso “no te quiero hacer daño, soy yo no eres tú” merece la pena capital, de hecho le recomiendo este sitio: http://suicidemachine.org/ es lo más digno que puede hacer, en lugar de mandar un e-mail.
You’ve got a comment. Buena entrada. Nunca he terminado con alguien por Internet.
¡Excelente post! No puedo estar más de acuerdo, las relaciones sentimentales son de seres humanos, no de máquinas.